Las Cheerleaders de los Dallas Cowboys han sido —y siguen siendo— un referente en el mundo de la animación en partidos de la NFL. Popularizaron un vestuario reducido, lucen las icónicas botas de cowboy, cuentan con su propia serie en Netflix y realizan giras por el estado, además de participar en diversos eventos. Incluso fueron las animadoras oficiales en el Mundial de Estados Unidos de 1994, durante el España-Corea del Sur. Seguro que la imagen de las cheerleaders quedó grabada en la mente de los jugadores de la Roja, que terminaron dejando escapar una ventaja de dos goles en los últimos minutos.


Lo cierto es que la inspiración para el concepto de las animadoras se basa en algo muy recurrente para los directivos de los grandes equipos. En 1967, durante un partido entre los Cowboys y los Atlanta Falcons en el Cotton Bowl, la estríper Bubbles Cash, vestida con minifalda, causó un gran revuelo entre la multitud cuando bajó las escaleras de las gradas en la línea de las 50 yardas llevando algodón de azúcar en cada mano.


Tex Schramm, gerente de la franquicia, comprendió en ese instante la importancia de formar un equipo de animadoras vestidas de manera similar a Cash para obtener el máximo rendimiento y rentabilidad. Desde ese momento, el concepto fue evolucionando y adaptándose a las necesidades: cómics, apariciones televisivas, bailarinas que se hicieron famosas, coreografías al ritmo de AC/DC, etc., hasta equipararlas en importancia a las estrellas del equipo.


Aprovechando el tirón, la industria del porno editó Debbie Does Dallas, un relato ficticio sobre los esfuerzos de un grupo de adolescentes por unirse a una versión semidesnuda del escuadrón. La estrella Bambi Woods, en realidad, había hecho una audición para el equipo de las DCC en la vida real, pero no logró superar la prueba.


