En un mes de Agosto, donde la oferta musical puede ser un tanto rácana, la propuesta de la Upload, que de entrada no tenia previsto acudir pero después de consultarlo a parte del oráculo de SPD, la recomendación fue: «Maravilla con mucha intensidad instrumental y con un guitarrista que parte la pana».
Con esto a uno no le quedó otra opción que ir a la Upload a ver como se lo montaban estos tipos. He de decir que por poco me quedo con las ganas, a pesar de comprar la entrada el mismo dia, el bolo fue un rotundo sold out.
Tema que también me deja perplejo. Moviéndose uno por sonoridades rockeras más bien clásicas, y estando por ejemplo hacia unos días en la misma Upload viendo a Myron Elkins, cuando uno sale de estos parámetros y se adentra hacia otro tipo de rock, en este caso, mas de sonoridades potentes y de desarrollos totalmente instrumentales, la otra parroquia rockera responde y de que manera. Si bien es cierto que parte del respetable era más bien foráneo.
Para caldear el ambiente, un trio de Vancouver, Heavy Trip, que presentaban su último trabajo » Liquid Planet»( 2024 ) que calentaron el ambiente a base de riffs pantososo y crudos, tejidos de manera sobria por parte de Cole Jandrish, con claras influencias de los maestros de Birminghan. A los que se sumaban una sección rítmica acojonante: Cole Vibert al bajo y Ben Frith a los parches, que me dejó este último tremendamente alucinado.




Lo de Earthless, es de otra galaxia. El motivo de la velada era tocar entero su primer trabajo «Sonic Prayer» que cumple 20 años. 1 hora y 30 aproximadamente, con únicamente 4 canciones, incluida el bis, único momento en el que Isaiah Mitchell atacó el micro. He de reconocer que desconocía un tanto el devenir del show, pero de entrada el primer tema 30′, de orgía guitarrera, con multitud de efectos, solos, riffs, cambios de ritmo, acompañados de manera milimétrica por la batería conducida por Mario Rubalcaba mientras que Mike Eginton al bajo de se mantenía en un discreto segundo plano pero plenamente compenetrado con sus dos colegas.




Lo que realmente me alucina, con estos largos desarrollos instrumentales, que podrían llegar a cansarte, es que acabas quedando hipnotizado y transportado y entregado de manera chamánica a esa catarsis de sonidos, sobre todo los que macerando Isaiah en su guitarra. En resumen, una más que satisfactoria experiencia.