«Tío, tengo 65 años»
Cuando, al final del show, le pregunté que por qué coño se despedían de los escenarios -la banda no se separa, sólo cesan las giras-, que qué les cuesta venir cada 2-3 septiembres, la respuesta de Rusty Brown, vocalista de Electric Mary, fue esa.
Ah, también espetó un «no quiero terminar como Vince Neil«.
Ante esos argumentos, poco que objetar. Aunque físicamente luce rejuvenecido respecto a giras anteriores y de voz no anda del todo mal, Rusty está petado y el descanso es más que merecido.
Por nuestra parte, veteranos de la media docena de tours anteriores, sólo teníamos una obligación: acudir a esa última cita. Electric Mary son familia. Entre mis compañeros de pupitre hubo alguna que otra baja sangrante, pero la Ciudad Condal respondió completando unos 3/4 del generoso aforo de la sala Wolf.

¿Valió la pena? ¡Por supuesto! Un encuentro más con la hiperactividad de Alex, la elegancia guitarrera de un Peter de sempiterna melena negra y el sudor -lo de ir más abrigado de la cuenta ya es su gimmick particular-, sangre y lágrimas de Rusty siempre valen la pena. Y ahí están esas enormes canciones, claro está, con un set-list que es un greatest hits para todo amante del hard rock con nervio.
¿Fue la mejor vez? No, pero creo que es cosa de la sala. Ya van varios shows allí -ahora me vienen a la cabeza Steepwater Band o Diamond Dogs- de los que no salgo 100% contento. Escenario escesivamente alto, sonido que nunca llega al volumen 11 … para mi gusto, la Wolf no propicia ese trance, esa comunión, que, por ejemplo, sí proporcionó Razz III en la visita previa de Electric Mary.

En cualquier caso, un concierto estupendo y emotivo que terminó cerrando el círculo: con «Let Me Out» se dieron a conocer en esta parte del planeta en 2009 y con «Let Me Out» cerraron el que, salvo ejercicio de (deseada) caradura, habrá sido su show de despedida de nuestra ciudad.
Paso el teclado al Dr. Andreu from Sabadell:
Recordando a los shows a los que he acudido, creo que no he estado en ninguno en el que se ponia fin a la trayectoria en vivo de un grupo. Lo que se vivió ayer en la sala Wolf fue un emotivo homenaje a una banda, que moviéndose en un ambiente un tanto underground, ha sabido siempre ganarnos con su entrega y energía encima de un escenario.
Como echaremos de menos a Rusty, Alex y Peter, las almas de Electric Mary, que han construido a lo largo de estos veinte años algo grande con auténticos himnos. Desde «Let Me Out», pasando por «OIC» o «Sweet Mary C».
No cabe más que darles las gracias por haber existido.

Todas las fotos de este post son autoría de Mercè Carbonell.
Pues yo estuve ahí como las últimas 6 veces que han venido, y que decir, que es un pedazo de banda con un directo desgarrador, Sí es verdad que no me encajo de todo ese nuevo guitarra que se trajeron, en mi opinión con el volumen un poco demasiado alto, al menos a pie de escenario, no puedo decir lo que se oía por las pantallas, se salía un poco de la esencia de la banda, eso sí, tocaba de puta madre.
Pero lo que si que me defraudó un poco fue el público, donde en la llamada a los bises se sintió un poco demasiado apagado, sabiendo que sería la última vez que veríamos en directo a estos 5 animales. En mi no se estuvo a la altura, (igual fueron cosas de la edad…). Por lo demás, es de elogiar que este pedazo de banda, se recorra medio mundo para tocar delante de 4 colgados que casi ni se inmutan de lo que ven.
Pero bueno, En resumen un pedazo de concierto y un gusto como siempre volver a verlos ojalá pudiéramos tener otra oportunidad.