Ahí lo tenéis, eterno, en la piel del simpar Erótico Enmascarado, el hombre que la tiene como la pata de una mesa.
La noticia del fallecimiento de Fernando Esteso, hace unos días, me sentó como una puñalada. No es que lo tuviera siempre presente, y hará décadas que no veo una de sus pelis, pero como se suele decir, me gustaba saber que, al igual que su compadre Andrés Pajares, seguía ahí.
Ahora que he citado a ambos, entre Pajares y Esteso, siempre fui de Esteso. Fernando, siempre escudero de Andrés, tenía una campechanía y cierto aire loser con los que me identificaba. Entre Esteso y Ozores, ahí me costaría más decidirme. Antonio era un gigante.
«Yo Hice a Roque III», «Los Liantes», «Los Chulos», «El Erótico Enmascarado» y tantas otras las vi en el momento y en el sitio adecuado. En sus reposiciones emitidas por Telecinco, a principios de los 90s, durante los primeros años de mi adolescencia y junto a mi padre. Nos tronchábamos.
Fernando Esteso, junto a Axl Rose, Steven Tyler, David Lee Roth, Tom Petty, Clint Eastwood y alguno más, se convirtió en un referente. Siempre rodeado de colegas, tías en pelotas y metido en hilarantes líos, yo, a mis 14 años, quería ser como él.
En una de esas felices casualidades que te brinda la vida, durante una excuesión que hicimos al Garraf en 3º de BUP nos topamos con Esteso. Ahí estaba, en un club marítimo, relajado en albornoz, tomando una aperitivo. Como salido de uno de sus films. Varios chavales nos acercamos a rendirle pleitesía y Fernando se mostró encantador. El mito se hizo todavía mayor.