Por H o por B, las últimas visitas a la Ciudad Condal de King Sapo se habían saldado con la ausencia de un servidor. Si el buscador de SPD no me engaña, mi última cita con ellos había sido el verano de 2022 en la desaparecida Téxtil. Demasiado tiempo.
El refranero nunca miente y ese «no Rocksound, no fun» es una verdad como un templo, pero aunque nunca lleguen a ser lo mismo – nosotros ya no somos los mismos-, salas como Upload, Sauna Meteoro o el nuevo hogar de King Sapo en la Ciudad Condal, la Laut, no están nada mal.
En el caso de esta última, sita justo detrás del Apolo, se entra por un callejón, luce de aspecto que combina lo industrial con lo canalla, no hay columnas que te jodan la experiencia y goza de un excelente sonido. Salvo que tenga «vicios ocultos», me extraña que los promotores no la tengan más en cuenta para conciertos de 200 personas.
Centrándonos en el reencuentro con el Sapo Fénix que surgió de las cenizas de ElDorado, resaltar que -casi- todo sigue en su sitio.
Ya hace un par de años que Javi Planelles cedió sus baquetas a Ramiro Unceta y, aunque la sintonía personal con el primero era grande, está clarísimo que Ramiro cubre sobradamente con el expediente.
Por otra parte, dos aspectos -chorradas- diferenciales respecto a mi anterior vez:
Por una parte, a Jesús lo vi mucho más comunicativo y frontman que en anteriores ocasiones, mostró un palique y un desparpajo al que no me tenía acostumbrado. ¿Se había tomado algo o es que ya es consciente de su condición de rockstar? 😀
Adicionalmente, me pareció ver que Andrés lleva, al menos, un pedal de guitarra. En shows previos me asombraba el que fuera capaz de desplegar todo su arsenal de riffs, solos y trucos mil guitarreros sin la ayuda de ningún gadget. Andrés es y será siempre el puto amo, pero me sorprendió el hecho.
No todos en esta casa coincidimos al 100% -al sibarita de Metal Nerd le faltó chicha-, pero a mí el concierto me pareció impecable. Si acaso -no controlé el minutaje, quizás es sólo una sensación-, un pelín corto.
Desde el inicio con la descomunal y quebrantahuesoscervicales «Desorden» hasta el cierre con la inevitable y triunfal «Niño Gurú», aquello fue una lección del hard rock 70s con un ojo puesto en los 90s e incluso en el presente que tan bien dominan. Definitivamente, King Sapo no son una banda retro.
¿Otros highlights? La emotividad de «Libre» –el amor es la gran estafa clamó una asistente-, el efectivísimo acercamiento a las sonoridades QOTSA que supone «Alguien Como Tú», ese nuevo himno llamado «Hasta Nunca» o la demoledora «El Dios de América», que indudablemente señala al monstruo naranja.
Fue en ésta última donde me percaté de un curioso -y bonito- detalle: la mayoría de headbangers de las primeras filas, y lo estaban dando todo, eran señoras de mediana de edad. King Sapo tienen el poder.
PD. Los noveles Cable Suelto, con su bizarra propuesta y un líder a medio camino entre Jack White y Albert Pla, desconcertaron y generaron interés a partes iguales. Les seguiremos la pista.