Los años de platino de HBO, aquellos en lo que estrenaba un pedazo de Historia televisiva tras otro, hace mucho que terminaron. Por mucho que «The Pitt» o «Hacks» se acaben de llevar tropecientas nominaciones a los Grammy de septiempre, esaremos de acuerdo en que no es lo mismo. Pero es de agredecer que la casa de «Los Soprano», «The Wire», «Boardwalk Empire» y tantas otras, siga apostando por el riesgo y la incomodidad, ya sea en producciones de pequeño formato o en las entregas postreras de alguna de sus franquicias estrella.
Sin ir más lejos, durante este primer semestre de 2026 se han estrenado tres estupendos ejemplos de insanidad televisiva. Aquí van unos breves tips:
«DTF St. Louis»

El refranero popular, muy cachondo él, nos indica que «quien tiene un amigo, tiene un tesoro«, pero al mismo tiempo deja caer que «más vale sólo que mal acompañado«. Y es que la amistad, tal como se plasma en este retorcido relato, por muy necesaria que sea, puede llegar a tener efectos secundarios muy chungos.
Lo más terrorífico de Down To Fuck St. Louis -así se llama la app de citas a la que se aferran Floyd y Clark- es que golpea con temas que, por las velas que venimos soplando, nos tocan de cerca o están al caer: decadencia física, soledad, fustración sexual, asco conyugal y ostracismo laboral.
Afortunadamente, Linda Cardellini -la estrella puber de «Freaks and Geeks» reconvertida en MILF- aporta un rayo de lúbrica luminosidad a tanta miseria.
«Half Man»

Lo del protagonista del nuevo trabajo de Richard Gadd, autor de la celebrada y dislocante «Mi Reno de Peluche», todavía es más jodido.
Ya sabes, «los amigos los escoges, la familia te toca«. Y a Niall le toca el gordo con su (medio) hermano, esa psicótica escoria con patas llamada Ruben (encarnado por el propio Gadd) que tiene la habilidad de destrozar la vida de todo el que le rodea.
Sin embargo, tal como ocurría en «Mi Reno», aquí hay muchos grises. Los malos están para encerrar, pero es que los supuestos buenos tienen su cara deleznable muy desarrollada. Ruben puede ser carne de trena y/o frenopático, pero la adicción tóxica que desarrolla Niall hacia su pariente y determinadas decisiones que toma también son dignas de estudio.
«Euphoria» – Temporada 3

Un 5,8 en Filmaffinity, un 43% en Rotten Tomatoes, un 56 en Metacritic.
La temporada 3 de «Euphoria» rompe abruptamente con sus entregas anteriores. De (brillante) drama teenager con fuerte carga LGTBI a desatado narco/porno thriller. Normal que los emofans y el sector woke no hayan entendido nada y se la hayan cargado a base de suspensos y críticas venenosas. Totalmente comprensible, esa no es su «Euphoria».
Nosotros, SPDers, hemos colocado a Sam Levinson, su showrunner, en un pedestal todavía más alto.
Los alumnos de la East Highland High School se han hecho mayores y salvo Nate -chanchullos inmobiliarios- y Lexi -chupatintas en Hollywood-, todos han derivado profesionalmente hacia el mismo sector: el sexo.
Cassie se desnuda en internet -sí, Sidney Sweeny vuelve a compartir las mejores tetas de la industria-, Maddy ejerce de representante de las que se desnudan en internet, Jules se prostituye bajo el eufemismo de «sugar baby» y la inagualable Rue ejerce de controller en un garito de strip-tease.
Añade a ese cóctel un par de clanes dedicados al narcotráfico transfonterizo y tienes servido un enorme sidral de evidentes -y nada disimulados- ecos Tarantino / Coen / De Palma.