A estas alturas, cuando Redd Kross deberían tener un status de clásicos en vida, resulta que en cada visita a la Ciudad Condal tocan en un espacio menor que la anterior. Apolo-Bikini-Apolo 2, su regresión barcelonesa duele.
Pero basta de lloros. A la sala pequeña del club de Nou de la Rambla fuimos a rockear y ya te digo si Redd Kross rockearon. Según algunos, ¡incluso demasiado!
Cierto es que Jason Shapiro (irreconocible a primera vista tras cortarse el pelo y abandonar el Farmatint) le metió una chicha considerable a su Les Paul, provocando que la faceta power-pop de la banda fuera derrotada a manos de su cara más hard con esos pasajes tan Slash, pero eso, lejos de suponerme un problema, me reconfortó. Incluso ese volumen 11 que ofendió a las orejas más sensibles me encajó a la perfección. ¡Un show de Redd Kross debe ser RUIDOSO!

Los hermanos McDonald y secuaces, ataviados con unos elegantes atuendos blancos con manchas fake de pintura al estilo Holi, saltaron al escenario atacando una un tanto desenfocada «Switchblade Sister». Las sucesivas «Stay Away From Dowtown» y «Stunt Queen» pusieron todo en su sitio. Ésta última sirvió para demostrar que en su traslación al directo, los cojonudos temas de su reciente «Red Album» todavía ganan más enteros. Sencillamente, están a la altura de sus hits añejos.
«Emanuelle Insane» (¿recordando al mito erótico setentero?), «I’ll Take Your Word For It», «Candy Coloured Catastrophe» (¡brutal!), «Born Innocent», todas ellas sonaron espectaculares.

Aunque para sublime, la interpretación de una «Huge Wonder», su «Helter Skelter» particular, en la que marcaron paquete. A partir de ahí, derroche de clásicos, uno tras otro («Annie’s Gone», «Pretty Please Me», «Jimmy’s Fantasy», «Neurótica» y demás, ya sabes de lo que te hablo), con Jeff estupendo a las voces y Steven animando el cotarro con su garra, excentricidad y extroversión habitual.
Para que esta crónica no resulte una limpieza de sable tan rotunda, reconocer que el tramo de los bises fue un tanto verbenero.
Ese auto-homenaje tocando temas ignotos de su primerísima etapa + algo de storytelling es comprensible, pero lo suyo hubiese sido intercalar las acertadas versiones («Crazy Horses» es uno de los himnos hard 70s definitivo) con más madera de nuevo disco o, por pedir, gemas del LP «Third Eye» como «1976», «Elephant Flares» o «I Dont’ Know How To Be Your Friend». Que sí, que ya sé que hace 35 años que no las tocan.
