«En 2016, la revista Classic Rock calificó Rock ‘n’ Roll como el peor álbum que Motörhead haya hecho jamás».
No podía estar más en desacuerdo con esa elección. No soy lo que se dice un experto en Motörhead; tengo el material necesario en diferentes formatos y los vi en directo cuando tocaba. Pero si algo tengo claro, es el poco interés que pasé a tener después de la edición del que sigue siendo mi álbum favorito de la banda: 1916.

El tema anterior me lleva a pensar que la formación de cuatro miembros es la que realmente encaja en mi manera de entender a la banda. Y, sin dañar sensibilidades, me satura bastante todo lo que actualmente idolatra a la banda: esa necesidad de demostrar de forma visible lo fan que se supone que hay que ser de la figura de Lemmy, a menudo ridiculizándola sin que el propio fan se dé cuenta. Con esto, me viene a la mente una imagen absurda que viví hace unos años en el Rainbow Bar de Sunset Strip, en Los Ángeles, cuando los fans ponían cigarros encendidos o daban de beber a la estatua de Lemmy. Una imagen surrealista del fan rockero medio.
Pero bien, volvamos a Rock ‘n’ Roll y al año 1988 en concreto. Aquí van unas cuantas razones para considerarlo especial y tener claro que esos Motörhead de guitarras dobladas me gustaban más que los clásicos:
- El título del álbum ya marcaba una barrera frente a una comunidad muy cerrada.
- Ese disco sonaba en mi casa a todas horas. Mi hermano veinteañero (yo aún era un adolescente) lo adquirió en vinilo con el objetivo de estudiarlo a fondo para el show de la banda en Barcelona.
- Un tema como Stone Deaf in the U.S.A.: no tenía ni idea de lo que contaba en su letra, pero el estribillo y las partes donde se mencionan ciudades americanas me hacían soñar.
- El videoclip de Eat the Rich directamente te hacía querer ir a una cena de gala para liarla.
- La portada era otro hecho diferencial respecto a las anteriores, y parecía como si Snaggletooth se hubiera fugado de la del Rock the Nations de Saxon para meterse en el set de grabación de Alien.
- De esa gira salió el álbum Nö Sleep at All, que curiosamente puede que haya sonado más en mi tocadiscos que algún otro directo más clásico.
Y, por supuesto, ver en las estanterías del videoclub del barrio la película Eat the Rich tuvo algo que ver: si sonaba la música de Motörhead, sería por algo. Aunque en realidad no dejaba de ser una comedia negra con sátira política y una historia absurda sobre un camarero que, tras ser despedido, se une a un grupo anarquista que planea vengarse de la élite. Todo ello con cameos de Lemmy, Bill Wyman y Paul McCartney.
‘All for you’, con Lemmy entonando, me flipaba y aún me gusta mucho, y solo por el himno que es ‘Rock n Roll’ ya vale la pena la inversión. Me extrañaría que pasen dos años sin que suene en casa y hay muchísima competencia.