Días antes de su pistoletazo de salida, la ciudad amaneció inundada de carteles como el que tenéis bajo estas líneas.

La internalización radical del Primavera Sound, 65% de asistentes extranjeros, sin olvidar su recordada y fracasada intentona madrileña -a la que alude veladamente el slogan del pirindolo-, vs. el orgullo localista del que hace gala el Cruïlla -«festival de y para los de casa«.
En el fondo todo es marketing, se trata de empresas luchando por un público, por un nicho de mercado, por una rentabilidad. Mientras que unos se venden como el festival de Barcelona, otros ya se autoconsideran el festival «del mundo».
No estoy en condiciones de posicionarme, pues no piso el Primavera desde la lejana edición que trajo a Neil Young y a The Jayhawks -mi estancia en el evento se limitó a ambas bandas, así que supongo que no sentí la Primavera experience como es debido-, pero mis vivencias en el Cruïlla han sido positivas.
Más modesto y de pequeño formato que su «competidor», con un precio más que competitivo -39€ pagué por la sesión del jueves- y una afluencia moderada de público que te permite desplazarte con fluidez de escenario a escenario, situarte fácilmente en las primeras filas o pedir una birra sin colas, siempre me he sentido a gusto.
En cuanto al cartel, sin estridencias, ecléctico y diseñado para gustar a todos, siempre les apaña para juntar un par de nombres interesantes en alguna de las jornadas. Si 2022 disfruté de una dupla sensacional con Duran Duran y Jack White, esta vez poder ver concatenados a St. Vincent y Sex Pistols justificaban sobradamente esos antes citados 39€.
La, digamos, velada punk del jueves, se completaba, en sesión de tarde, con Doctor Calypso, unos clásicos del ska catalán, y Fermín Muguruza.
A los primeros, que sonaron bastante en los bares y saraos de mi adolescencia, les tenía ciertas ganas. Bien, pues con una canción tuve suficiente. Ya me perdonarán sus fans, pero aquello sonaba tan a juguete, tan inofensivo, tan Disney -que diría nuestro Oscar FS- que no tuve otra opción que largarme a ver a Seu Jorge, actor brasileño, conocido entre nosotros por su papel de Mané Galinha en «Ciudad de Dios», que también tiene una exitosa carrera musical en el país carioca.

Tan hortera como carismático, con look de confidente de «Miami Vice», Seu Jorge entretuvo con su desenfadada disco music que ahora recordaba a Earth Wind & Fire, luego a Raffaella Carrá y después a los totems italianos del género. Por cierto, numerosa presencia de compatriotas entre el público, encantadísimos todos con lo que sucedía sobre las tablas.
Mi conocimiento de Fermín Muguruza se limitaba a empinar el codo compulsivamente al son de «Sarri Sarri» y poco más. Sin embargo, nuestro compadre Salva Ramone insistió. No podía perdermelo. Iba a ser el concierto del festival. Y, joder, por una vez tengo que darle la razón. Conectes o no con su batidora musical (hard rock, rap, reggae, sonidos étnicos) y con su ideología (reivindicó todo lo reivindicable, desde Palestina hasta Kurdistán, hasta se acordó de los desalojos del barrio barcelonés de Vallcarca), es innegable que su banda suena GRANDE y tiene sentido del espectáculo. Por cierto, qué bien suenan esas canciones de Negu Gorriak.


Sobre St. Vincent -hace calor y ya me he cansado de teclear-, fue más de lo mismo que vivimos en Razz hace unos meses. Es decir, alucinante. Si cabe, con unos Annie y Jason Faulkner todavía más agresivos y psicóticos que en su anterior visita, como si quisiera demostrar que, para punk, ellos. En serio, debes ver esa banda en directo al menos una vez en tu vida.

Por el contrario, si no has visto nunca a Sex Pistols, ya no hace falta que lo hagas.
Me hacía una ilusión tremenda ver a Steve Jones -ídolo absoluto-, Cook y Matlock. No iba a estar Johhny Rotten, pero son Sex Pistols, ¡joder! Pues bien, ¿te acuerdas de lo que escribí antes sobre Doctor Calypso? Pues aplíquese aquí también.
Saltar del huracán St.Vincent a esa desangelada y fofa «Holidays in the Sun» fue un shock. Hasta el punto de optar por ir a buscar un bocadillo -de esos de mierda a 9€, en esto el Cruïlla es como todos-. Tras obligarme a volver y situarme más cerca del escenario, conseguí pasármelo razonablemente bien -esas canciones son la vida-, pero está claro que, al menos esa noche, esa banda no funciona. Al contrario de la banda de Fermín, los Sex Pistols suenan pequeños.

Paul Cook está entero y aún le insufla energía al asunto, pero Glenn Matlock y Steve Jones están cansados y desganados -para el museo de los horrores queda esa «My Way» con ambos sentados en la tarima-, y Carter, pues el hombre le pone ganas, pero no pega.
OscarFS, simpre polémico, soltó en el chat de SPD que «por Ley, los músicos deberían jubilarse forzosamente a los 65 años y dejar paso a las bandas jóvenes«. No estoy de acuerdo, hay muchos casos de músicos seniors en increíble estado de forma, pero está claro que en el caso de Jonesy y compañía, su lugar es el pub de la esquina.
Joder, qué festival tan distinto vimos. Primero lo de los 39€, yo pagué 59, y aun así me pareció económico.
Los Calypso me encantaron, si los ves de juguete es que no son lo tuyo, está claro, sonaron bien, y joder son los Calypso y hacen eso. Diversión y ritmos. La lluvia de sombreros del final de lo mejor del día, jejeje!
Fermín poco que añadir, lo mismo que en el St Jordi pero el la mitad de tiempo, una bandaza engrasada e himnos uno tras otro.
A St. Vincent por error ni me acerqué, no los conozco pero por tus lineas debería haber repartido el tiempo entre Goran Bregovic y ellos, para mejor goce.
Los Pistols me gustaron , un poco desganados y viejos, sí, pero joder son los putos Pistols! Me sonaron algo faltos de garra y planos, pero salí contento. Turner me gusta, es un frontman algo exagerado pero es un frontman cojonudo! Bajar al foso de esa manera a sudar con la peña ya merece un premio, jjajajaja!
Saludos!!!
Sepi, ahora que lo dices, creo que por ser suscriptor del diario de la burguesía catalana me hicieron un descuento majo.
Calypso, brrrrrr, reconozco que llegué, escuché «busquen l’home més ric» desde las gradas, me parecieron lamentables y me largué a ver al semental brasileiro.
St. Vincent, debes verla tarde o temprano. Sobretodo mientras lleve a su lado a Jason Faulkner. El ex-Jellyfish es un crack.
Sobre Pistols, sí, Turner lo da todo con los circle pits y tal, pero, para mi gusto, no arregla el resto. Mi desilusión fue gorda.
Rock n’ roll!!!