Las malas decisiones que han venido tomando desde su retorno de 2016 -discos muy flojos y, especialmente, colaboraciones de vergüenza ajena, de esas que ensucian tu legado, en busca de nuevos ¿likes?- me han ido distanciando sentimental y físicamente de Sopa de Cabra.
Cada vez que pincho cualquier título de su discografía hasta «Plou y Fa Sol» -tengo especial debilidad por su travesía del desierto noventera-, sigo disfrutando como el primer día, pero he tirado la toalla con su presente -y futuro- creativo.
Entiendo que, creativamente hablando, Josep Thió manda, Gerard Quintana se adapta/transige y Cuco y Pepe, la facción rockera aka vamos a follar (Gerard dixit en el reciente documental), ya no pinta nada.
Tú, que eres un sopero de pro, me dirás, «coño, hace 30 años ya erá así«. Vale, pues entonces los gustos de Thió han cambiado, según mi parecer, para muy mal.

Ante esta tesitura, y con el precedente, no del todo satisfactorio, de su show barcelonés de 2022, el anuncio de su gira 40 aniversario me la trajo al pairo. No me planteé acudir a sus citas en Razzmatazz y no tenía intención de chequear las crónicas.
Tuvo que ser nuestro Toni Herrero -le recordaréis del último post de Larkin Poe– quien encendiera la chispa:
Tío, el concierto de Sopa muy top ayer. Dos horas sin parar, tocaron todos los clásicos y rockearon mucho. Llevan a un guitarrista, Oest de Franc, que es brutal.
Joder, Toni. ¿En serio? ¿Sopa de Cabra volvían a rockear? ¿Se centraban en el material que importa? ¿Por fin habían reclutado a un guitarrista a la altura del añoradísimo Ninyin?
Con la necesidad imperiosa de encontrar respuestas, chequeé su calendario de gira (también el set-list, por si las moscas) y, por una cuestión de relación cercanía-precio, subrayé la fecha de Sabadell. Mira tú por donde, residencia del insigne @Andreu from. Como era de esperar, en 2 segundos lo tuve convencido.
Ahí van unos apuntes:
- Que el concierto se celebrara en el Amfiteatre natural del Parc Catalunya era, de antemano, un plus. Amplísimo, con su disposición en terrazas escalonadas y una notable pendiente que garantiza una buena visión desde cualquier punto. Sin temor a cabezas de las que te joden la experiencia, no tuvimos problemas para colocarnos en posiciones delanteras.

- Desde el óbito de Joan Ninyin Cardona, el puesto de lead guitar ha estado cojo. Todos mis respetos a la labor de Jaume Peck Soler durante el último cuarto de siglo, pero Sopa necesitaba desesperadamente a su Kiz Richards. Xarim Aresté, en sus colaboraciones puntuales, lo bordó -en mis sueños húmedos se convierte en miembro fijo de la banda-, pero, a falta de Xarim, buenísimo es Oest de Franc. Con su look de compañero de piso de Lou Reed etapa «Transformer», retorciéndose en cada solo, sobrado de carisma y actitud, el de Sabadell -jugaba en casa- es el perfecto contrapunto rockero a la sobriedad y hermetismo de Thió. Gerard Quintana lo agradece y los gestos de complicidad con su glimmer twin son constantes.

- Hablando de Quintana, el estado de sus cuerdas es sobresaliente. El repertorio de Sopa es vocalmente exigente, pero Gerard canta mejor que nunca. Tanto, que hasta le perdonamos su incipiente panza. Tripa que, a juzgar por los comentarios del respetable -60% mujeres que han iniciado su quinta década de vida-, no le resta un gramo de atractivo. Su impoluta melena canosa, que le confiere un look cruce entre Patti Smith y Biff Byfford, es la envidia de un servidor. Y que decir de sus speeches. Gerard Quintana señala el camino.

- Mala evolución en sus gustos musicales, hermético, necesitado de contrapunto rockero … repasando el texto, se nota que Josep Thió no es miembro favorito de los gironins. Pero seamos justos. Sin olvidar que buena parte de los clasicazos del repetorio llevan su firma, el culpable de que esa banda suene como un cañón, como director musical del cotarro que es, es Josep. Además, sus solos en «Podré Tornar Enrera» y «Camins» fueron canela fina.
- Beth, la triunfita de la segunda edición del concurso, ejerce de corista. No sólo no desentona sino que, en el par de ocasiones que baja del podium para ejercer un dueto con Quintana -la gema country «Temps de Sega» y la antes citada «Podré Tornar Enrera»- brilla cual Emmylou Harris nostrada.

- Una pega: El ritmo del show se resiente en su tramo medio por culpa del exceso de tiempos medios. «Instants del Temps», «Sents», «Els Teus Somnis», «Cercles» o «Seguirem Somiant» son grandes canciones, pero se hubiese agradecido una subida de pulsaciones momentánea intercalando ahí, por ejemplo, una «Estació de França» o un «El Sexo (Que me Hace Feliz)».
- En contraposición, la elección del repertorio del primer y último tercio del concierto, de traca. Pura BSO de mi adolescencia, yo no hubiese escogido mejor. La inteligente concatenación inicial de hitazos como «El Carrer dels Torrats», «No Vull Canviar de Pell», «Si Et Quedes Amb Mí» y «El Boig de la Ciutat» te mete dentrísimo del show a primeras de cambio, mientras que la coda que encadena, entre otras, «Mai Trobaràs», uouououo «No Tinguis Pressa», «L’Empordà», «Tot Queda Igual», «El Far del Sud», «Sota una Estrella» o «Camins» es de ensueño.
Encendidas las luces, ¿en qué situación queda lo nuestro?
Sopa de Cabra la volverán a cagar -ahí queda la reciente puñalada trapera a «Camins», preciosa tonada 100% Jayhawks deformada a bodrio de Pachá-, pero, en un ejercicio de amnesia selectiva, me quedaré con lo bueno.
Si Oest sigue ahí y el grueso del set-list me convence, nos seguiremos viendo.